miércoles, 8 de julio de 2009

Desaparecida

¡Saludos Oradores!

El sudor recorría mi frente mientras el tórrido día nublaba la visión del horizonte convirtiéndola en una desdibujada conjunción de montañas y vegetación aislada. El frondoso y cerrado Vallefresno se había abierto hasta descubrirnos de nuevo los duros territorios de Los Baldíos. La persecución de Naan se estaba prolongando durante muchas horas y el mediodía había llegado para imponer su presencia en los cielos. Sin embargo, no había rastro alguno de la pícara, tan sólo las vagas indicaciones que los guardias fronterizos habían dado y el constante sonido de las monturas galopando, al compás que marcan el ritmo del corazón de Keldar que comenzaba a elevarse a cotas en exceso frenéticas para los que habitan este mundo.

- Deberíamos para en El Cruce -inferí a Bancuro-, no creo que Keldar pueda aguantar mucho más. Necesita ayuda médica urgente.
- No... -se apresuró el brujo a rebatir- Debemos pro... seguir la bús... queda...
- Creo que tienes razón Senkyoshi -añadió Bancuro en mi defensa-. Si no paramos pronto, no contaremos con este no-muerto para hacer frente a esta amenaza.
- Necio... -intentó zanjar Keldar- mi vi... da no significa nada com... parado con... otra nue... va guerra...

El brujo palidecía cada vez más para articular cada nueva palabra. Su rostro se retorcía del dolor del veneno de la daga de Naan. Evidentemente, la astuta humana sabía que aunque no lograra arrebatar la vida de Keldar, lo convertiría en un lastre a la hora de darle caza. Y evidentemente así había sido ya que las indicaciones de los guardias que nos cruzábamos por el camino se habían tornado totalmente estériles. Es por ello que Bancuro obvió la petición del enviado de Entrañas y decidió imponer su juicio.

- Amigo brujo, tu vida y tus conocimientos sobre la verdad de lo que aquí acontece pueden tener un valor mucho mayor que el que queréis reconocer. Lo quieras o no, tendremos que descansar.

Aunque estábamos frustrados por no haber podido dar fin a la pesadilla, éramos conscientes de que en esos momentos lo más juicioso iba a ser dar reposo a nuestro compañero. Con la ayuda de las buenas artes mágicas de Oniris se pudo extraer el veneno del cuerpo de Keldar. Pese a las largas horas que había tenido que soportar la corrupción de ese veneno en sus arterias, el brujo se recuperaba a buen ritmo. Oniris explicó que era un veneno de parálisis, pero que la extraordinaria constitución del compañero de Entrañas había impedido que la toxina afectara a órganos vitales. Para mí era digno de admiración. Antes de emprender mi aventura, jamás pensé que un no-muerto tuviera tal resistencia. Para mí no eran más que una frágil maraña de huesos y pieles que a duras penas se mantenían de una pieza, pero estaba en un error y, por lo que afectaba a la salud de mi amigo, me alegraba enormemente.

Bancuro recibió con satisfacción la mejoría de Keldar. Como campeón de la Horda ya había tenido que soportar la muerte de muchos compañeros de armas. Había visto como la luz de la vida expiraba de grandes guerreros entre sus manos. Pero nunca se puede acostumbrar uno a la muerte y al gran pesar que atormentaba al espíritu de un tauren cuando la vida cede ante la violencia irracional y egoísta de la guerra. De esta manera, con los ánimos ligeramente renovados tras el fracaso de la mañana, aprovechó el tiempo de recuperación del no-muerto para ver si era capaz de recuperar alguna pista fiable de Naan.

Con la llegada del nuevo día Bancuro expuso sus conclusiones ante un convaleciente Keldar y ante mí. Keldar se había recuperado de forma casi milagrosa aunque de vez en cuando tenía ciertos ataques de tos seca, pese a que para los que habían cargado con él desde Vallefresno les parecía buenos síntomas de salud. El guerrero tauren había podido averiguar poco, pero de gran utilidad. Los Baldíos tenían cinco fronteras y todas ellas estaban bien vigiladas por la Horda. Ninguno de los guardas había visto pasar a nadie por los puestos. Era difícil pensar que se hubiera escabullido en su montura y menos plausible, si cabe, que se hubiera adentrado en zonas salvajes del continente a pie, aunque por la inteligencia estaba alertada y rastreando las áreas fronterizas. Además, Bancuro había llegado a la más que probable conclusión de que no tenía lugar donde esconderse y operar en Los Baldíos, ya que los riesgos de urdir semejante plan en tierra de la Horda eran enormes.

Así pues habíamos llegado a la siguiente conclusión. Era muy posible que Naan siguiera todavía en Los Baldíos, pero también que necesitaba abandonar esa zona rápidamente. Y sólo había un sitio en el que pudiera escabullirse antes de que tuviéramos tiempo para reaccionar para borrar todo rastro definitivamente: el puerto de Trinquete.

Dicho y hecho. No esperamos mucho más y Keldar tuvo que forzar un poco su recuperación para que partiéramos de inmediato a Trinquete. El puerto era una zona que la Horda había cedido al cártel goblin para que expandieran sus negocios por la región. El acuerdo era muy provechoso ya que el comercio y los ingresos que generaba el tráfico portuario eran considerables y servían de apoyo a las aún incipientes comunicaciones marítimas entre continentes. Pero también tenía sus inconvenientes. Trinquete era foco de numerosos piratas y contrabandistas que aprovechaban la laxa vigilancia goblin. Además, en una época belicosa como lo era aquella (y todas en este mundo de bestiajos) no era muy cómodo un lugar enclavado en los territorios propios que no controlaran las fuerzas de la Horda. En cualquier caso, cada segundo era vital y si embarcaba hacia el otro continente nuestras posibilidades de cazarla mermarían drásticamente, así que era el momento de imponer un poco de ley orca entre los goblins.

2 comentarios:

  1. Lamento la tardanza en publicar este nuevo capítulo. No puedo decir más.

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  2. Claro estás investigando for facebook, tuenti, myspace... quienes serán tus nuevas compis de carrera para así pescarlas!!!

    Yo elijo x ti q eso se me da muy bien, ya veis nuestro blog!!!

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